Regresaba de una travesía en la montaña escocesa cuando alcanzó su particular Eureka. "He tenido una gran idea", declaró el británico Peter Ware Higgs (Newcastle, 1929) aquel día de 1964.
Dentro de la mente de este discreto físico, empezaban a encajar lo que
serían las primeras piezas en la búsqueda de una partícula que daba masa
a todas las demás: el ya famoso bosón al que daría nombre.
La teoría que entonces empezaba a fraguar era “una teoría modelo, muy
simple, propuesta por Goldstone en 1960, que uní a la teoría de la
dinámica de Maxwell”, explicó recientemente al CERN.
Partiendo de las aportaciones de estos científicos, desarrolló la idea
de que, una fracción de segundo después de que surgiera el universo con
el Big Bang, las partículas adquirieron masa al interactuar con un
campo: el campo de Higgs.
El científico británico decidió escribir un breve artículo, de no más de
una carilla de folio, con esta teoría, que envió a la revista Physics Letters. La publicación la rechazó alegando que lo que explicaba era “absurdo”, pero afortunadamente él siguió probando suerte.
Otra revista científica, Physical Review Letters, aceptó ese
mismo artículo con algunas matizaciones y extensiones. Ese texto se ha
convertido en uno de los artículos más relevantes de la historia de la
física.
Desde los años 70, varios grupos de investigación europeos han estado
buscando el bosón de Higgs. El CERN, en concreto, y a través del llamado
“Gran Colisionador de Hadrones”, se ha encargado de realizar numerosos
experimentos haciendo chocar partículas a altos niveles de energía,
esperando su aparición.
El enigma ha durado décadas, y algunos apostaban a que no se resolvería.
El propio Stephen Hawking, célebre astrofísico británico, relató con
manifiesta alegría que había hecho una apuesta “con el físico Gordon
Kane de la Universidad de Michigan, a favor de que la partícula de Higgs
no se encontraría. Pero parece ser que he perdido 100 dólares”.
Una personalidad silenciosa
Higgs es un hombre discreto, tímido y reacio a las declaraciones
públicas y algo huidizo como la partícula a la que ahora se ha dado
caza; pero brillante desde su adolescencia.
Aunque no se interesó por la masa hasta que se convirtió en catedrático
de Física en la Universidad de Edimburgo, para entonces ya había
triunfado en el campo de las matemáticas en el University College of
London, había sido colaborador de investigación en Edimburgo y mejor
expediente en Físicas en el King’s College de la capital británica.
Ateo manifiesto, Higgs muestra un evidente rechazo hacia la denominación
“Partícula de Dios” que algunas publicaciones utilizaron para referirse
al bosón. Parece ser la única rama problemática de una personalidad
silenciosa y poco triunfalista.
Inspirado por el premio Nobel y precursor de la mecánica cuántica
moderna, Paul Dirac, Higgs no ha mostrado signos de egocentrismo a lo
largo de su carrera científica.
Al contrario: en lugar de hablar de la partícula como si fuera su único
padre, en sus conferencias la bautiza como el “bosón de ABEGHHK'tH”, en
referencia alfabética a las contribuciones de sus siete colegas Phil
Anderson, Robert Brout, François Englert, Gerry Guralnik, Dick Hagen, él
mismo, Tom Kibble y Gerard 't Hooft.
"Estoy bastante sorprendido. Nunca pensé que esto ocurriría en mi vida.
Al principio, hace 40 años, la gente no tenía ni idea de qué podía
esperar. Por eso, es realmente sorprendente para mí creer que esto es
suficiente para considerarse un descubrimiento. Demuestra una dedicación
increíble de los jóvenes involucrados. Que persistan así estas
colaboraciones monumentales es una tarea realmente difícil: les
felicito”, declaró cuando el anuncio del hallazgo se hizo público.
Ahora que la ciencia ha encontrado relevantes respuestas gracias a su
contribución, el premio Nobel podría estar cerca de caer en sus manos.
Hoy, cuatro décadas después y con 83 años de vida a sus espaldas, el
esfuerzo ha tenido recompensa.